Más mala que un perrillo chico.

O como rellenar el hueco de una entrada que debería estar pero no. Consideren esto un place-holder. Lo hago porque mis lunes sin mi post de pensamientos de la semana (o ideas peregrinas), no son lunes. Hoy tocaría el Episodio (6), que no es mucho, pero me he acostumbrado. Es un hábito: evernote, borrador, editar, subir fotos, re-editar, re-editar y, por fin, publicar. Hoy no, porque vuelvo a estar enferma. En mi caso, cuando esto pasa, no sólo se queda en el vomitar, defecar o tener mocos y fiebre: por lo general me anulo. Pierdo mi chispa, mi creatividad.

Más que el estómago, es el malestar que le sigue.

Así que en su lugar, por reservarle el espacio a mi ritual y dado que mi cerebro hoy no da para más, dejaré que los perros (“perretes” en páulico, de origen semi-vasco), tomen la palabra:

Mi perrete favorito. Si alguna vez adopto uno, tiene que ser este.

No sé a que se debe tanto encadenar problemas estomacales, si es mala suerte o si hay algo detrás. Sea cual sea el origen me estoy empezando a hartar.

Cuidados y mimos: la única ventaja de ponerse malito.

¡Quiero volver a estar en activo!

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