Pensamientos de la semana (8): las apariencias engañan.

No es lo mismo pasear por un parque de día que de noche, ni tampoco lo es la primera impresión que tenemos al ver las hamburguesas de los anuncios, que lo que de hecho hay detrás. Las apariencias engañan y así nos lo enseñan de pequeños – aplicado tanto a lo físico, como al carácter. Al tratarse de componentes esenciales de la identidad de una persona, en algunos casos basta un leve cambio de actitud o de look para que nos dediquen, con amor siempre, un “¡Qué guapa estás! No pareces tú”. Insulto y piropo, todo en uno.

Pasa cuando nos presentan a alguien, que no nos imaginamos que aficiones tiene ni a qué se dedica. Pasa en Tu cara me suena. Artur Valls, por ejemplo, vestido de mujer es fascinante. Antes le veía como un presentador con muy buen sentido del humor, como actor de comedia, pero no sabía que 1) fuera capaz de atreverse con esos desafíos y 2) que tuviera tanta jeta sobre el escenario. Además está guapo de mujer. O eso creo.

Eres guapa pese a tus poblados sobacos.

O al menos me lo parece él, si lo comparo a cuando estoy enferma (ya sea un triste resfriado o una gastroenteritis que me lleva a darlo todo), o cuando tengo el día tonto (con o sin regla); o cuando aún no me he lavado la cara ni aplicado mis cosméticos, o cuando llevo demasiadas horas jugando y empiezo a parecerme a algunos de esos monstruos que trato de matar. En esos momentos no me siento guapa.

Ejemplo de percepción distorsionada: a veces esto es lo que veo en el espejo.

Hay muchas situaciones en esta vida que tampoco son lo que parecen. Esto ocurre en el caso de los tratamientos de dermatología estética. En sus campañas publicitarias lo venden como el remedio definitivo. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los resultados son temporales – desde seis meses, a dos años. El acné rebrota, porque eso se quita cuando se quita, por los ciclos de la bacteria y porque a cada uno le afecta de una manera diferente; las manchas vuelven, porque el sol no desaparece. Las arrugas serán fieles compañeras hasta el final de los días.

Algunos nos animamos a probarlos, porque es muy tentador librarse de estos problemas en unas pocas sesiones (o en treinta). Bien por simple vanidad, bien por complejos y traumas de adolescencia. Si tiene uno dudas, bombardean con el socorrido lo financiamos en unos cómodos plazos. Cinco años después está pagada, pero seguramente el problema haya vuelto. Eso sí, mi acné lo ha hecho con menor intensidad y por lo menos la textura de la piel sí que mejoró significativamente.

A ti no te hace demasiada falta ese chute de hialurónico, nena. Ni el botox.

Por mi parte opino que sería bello, bellísimo, plantar una bomba en las convenciones culturales de ciertos países, donde el aspecto es lo único que cuenta, o donde se impone el qué dirán ante crecer con una autoestima sana.

Llamadme idealista.

El estrés es otra mala pasada de las apariencias, especialmente cuando ataca antes que la situación en sí. Esos “ufff no me quiero poner a escribir, no me va a salir nada”. O “ay que estoy malita, que no puedo salir, que no tengo cabeza para hacer nada”. A algunos esto nos frena, porque hemos mitificado la importancia del descanso, o que simplemente nos cuesta más manejarnos en servicios mínimos. Somo el club de los agobiados.

Mi consuelo es que gracias a mi NaBloWrimo estoy comprobando que, si me siento ante el ordenador, si me mantengo en posición – pese a lo que dictaban las apariencias – consigo resultados. Estoy aprendiendo que lo importante es producir, que ya habrá tiempo de trabajar en ello, de mejorarlo hasta que esté de mi gusto.

O que, en teoría, tendría que irme mejoren español, mi lengua materna, que en inglés.

La tranquilidad tampoco transmite mucha confianza. Si la tripa hace ruido, es buena señal. El silencio, no tanto. Esa calma es el preludio de una tormenta – una que dispone de dos frentes por los que atacar, que no tendrá reparos en hacerlo por ambos a la vez, si surge la oportunidad.

¿Qué otras situaciones se os ocurren en las que las cosas no sean lo que parecían en un principio?

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