Días de Reyes Magos

Fin de semana de Reyes en España. Hay cabalgatas por todo el país, los niños reciben sus regalos, las familias se reúnen con más esmero que en navidad. Sienten ilusión por celebrarlo, porque es algo más suyo. Como la familia de Nacho, en la que aprecio la gran diferencia de tradiciones: se reúnen para comer el rosco de Reyes todos juntos, con chocolate caliente a la taza y un libro de tela para el bebé y una planta para la hija mayor. Son esas historias las que se les cuentan a los extranjeros para darles una referencia cultural representativa de nuestro país. Otros tenemos tradiciones más personales.

Yo he crecido sin creer en los Reyes Magos, Papá Noel, el Ratoncito Pérez o el capitalismo y no lo veo como algo malo. No sintáis pena por mí. No suelo sentir envidia por no haber sido otra niña más que espera con ilusión que un ser mágico deje el juguete o libro que yo hubiera pedido, algo que me hiciera falta o que simplemente quisiera. Esperaba la llegada de estas fechas a sabiendas de que eran mis padres los encargados de organizarlo todo. Dos personas reales.

Señora Vecina Mayor: “¿Qué te ha traído Papá Noel?”.

Padre: “Papá Noel, no. Papá Manuel”.

Con orgullo y dos cojones. Aunque a esa edad uno no valore el esfuerzo de los demás, la lección cala.

Hoy de lo que más se habla es de lo recibido y del niño atropellado en Málaga. Un descuido, imprudencia, falta de medidas de seguridad. A saber. Una carroza que arroja caramelos con la furia de un sueldo ausente y un niño que se aventura a recoger un tesoro. Todo el mundo lo menciona, todo el mundo empatiza y a nadie se le ocurre hacer bromas (y sabemos como es Internet de cabrón a veces). Incluso la coletilla tan popular “ni que niño muerto” nos incomoda. Me da pena saber que si se tratara de un adulto la gente habría liberado a la bestia del sarcasmo y el humor negro. Con mucho gusto. Un adulto sigue siendo un ser humano, ¿no? Y a menos que se trate de un Hitler, Franco o Mussolini, no entiendo que sea gracioso.

Fin de semana agridulce.

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4 pensamientos en “Días de Reyes Magos

  1. Una pena lo del chaval, vas con el crío a presenciar algo que le hace ilusión y en un descuido te quedas con el amargor de por vida.

    Esas cosas se intentan evitar, yo mismo hago de romano en la cabalgata del pueblo y estás precisamente para controlar que nadie se meta debajo del camión para coger nada, pero es demasiada gente y siempre ocurrirán desgracias.

    • justamente estuvimos comentando eso, que no es sólo la familia la afectada. Sé de un testigo que no pudo dormir, pese a haber tomado varios lexatines y los de la carroza a saber ya :/. De lo que se está quejando la gente sobre todo, es de que no se pongan vallas en una cabalgata multitudinaria con vehículos a motor y para la semana santa, que los tronos los llevan personas andando, se desviven. Triste 😦

      • Uy vallas, no sé como es ese caso concreto, pero en el pueblo mío tenemos los mismos trajes desde hace 30 años, imagina el presupuesto que manejamos, como para vayar todo el recorrido, que además, da igual, te aseguro que las vayas puestas duran lo que un caramelo en la puerta de un colegio.

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