Cielo vs Infierno vs Calabacín

Ya hace tiempo que nos volvimos locos con El defensor de las causas perdidas, evento WordPress-iano que me inspiró (see what I did there?) por los bloggers que conocí y por las asociaciones semánticas tan interesantes que hicimos todos respecto a los conceptos arriba y abajo, siendo cielo e infierno uno de los pares más frecuentes. Estas palabras, a su vez, evocan la idea de destino, algo de lo que cada individuo es responsable según la mentalidad protestante. Otros, acaso más realistas, opinan que cielo e infierno componen la esencia de La Tierra, como dos caras de una misma existencia.

De ahí que hablemos de placeres terrenales: tomar un cocktail junto a la piscina, comprar un libro nuevo, escuchar música, salir de fiesta, meterle una piña por el culo a Hitler, etc. En mi paraíso terrenal recibiría clases de baile en Los Ángeles (en Movement Lifestyle, Millenium, Debbie Reynolds), comería sushi en un buffet libre, otro día un buen plato de curry, otro una ensalada mixta y magro con tomate. Me gusta leer, eso también es un gran placer, pero prevalece la hegemonía de mi estómago. No obstante, en publicidad el infierno se muestra como sinónimo de barbacoa, mientras que en el cielo tienen el copyright del queso Philadelphia. Que me parece genial para un fin de semana o un desayuno, pero no me convence tanto que mi alimentación se base sólo en carne y queso. Pensemos en esas digestiones pesadas.

Lo mejor es unir los extremos, para así tener alternativas. Por ejemplo, si a los tópicos de barbacoa, queso, clima moderado, clima cálido cual sartén llena de aceite hirviendo les añadimos pescados, verduras y semana santa obtenemos el sur de España; si añadimos salsa de soja a una reducción de vino tinto creamos unas patatas con chorizo y morcilla guisadas con sabor asiático. Fusionar gastronomías es un arte terrenal. Sin embargo, le prohibiría la entrada a mi paraíso a varias cosas, como a Rajoy o las alcachofas, aunque por ellas siento más indiferencia que asco profundo; pero sobre todo a mi verdadero némesis, el calabacín.

Mi madre lucha cada día, receta a receta, con la esperanza de inculcarme amor hacia este vegetal, motivada por sus logros en anteriores episodios como “Mi niña odia la berenjena” o “Socorro mamá, ¿es esto lechuga?”. He de admitir que su perseverancia funcionó hasta convertirme en defensora declarada de la berenjena rebozada con miel. O a la plancha. O rellena, que traducido significa gratinada con kilos de queso y otros ingredientes bien picados. O en ensalada. Lamentablemente, aún no se han producido los tan ansiados avances con el calabacín, pese a haber iniciado ambas campañas a la vez.

Por lo general, soy muy agradecida como comensal, sin embargo, si me ofrecéis calabacines rellenos, crema de calabacín o arroz superpoblado por calabacines gigantes, se pueden dar los siguientes resultados:

  1. Que lo coma por cortesía y luego vomite.
  2. Que aparte tantos trozos como me sea posible y los ceda a otro comensal y luego vomite. Esta opción es viable sólo en el propio hogar. Para todo lo demás, volver al punto #1, por eso del protocolo.
Se trata de una cuestión de textura y sabor incompatible con lo que mi paladar considera válido para el consumo humano, así que quiero aprovechar esta plataforma que nos brinda la tecnología para hacer un llamamiento a mi madre, una mujer de mundo, maruja nica, andaluza de costumbres adoptadas: por favor, deja de intentarlo. Soy tu hija, recuerda que me quieres. No te esfuerces. Invierte esa energía en, no sé, investigar una cura para mis padrastros. Lo rechazo, querida madre, pese a ser consciente de los muchos nutrientes que aporta, de sus beneficios, que es poco calórico, etc. He visto datos.
Beneficios del calabacín para la salud. Esto a mí me la pela*.   Vitaminas: C, B1, B2, B6, folatos o ácido fólico. Minerales: Potasio, magnesio, sodio, yodo, hierro, Calcio y Fósforo. Otros: mucho agua, Hidratos de Carbono, proteínas y muy pocas grasas.   Recomendado para:   Sistema inmunológico (folatos) Colágeno, dientes, huesos, glóbulos rojos, sistema inmunológico (magnesio). Músculos y sistema nervioso (potasio) Laxante (potasio).

Beneficios del calabacín para la salud. Esto a mí me la pela*:
Vitaminas: C, B1, B2, B6, folatos o ácido fólico.
Minerales: Potasio, magnesio, sodio, yodo, hierro, Calcio y Fósforo.
Otros: mucho agua, Hidratos de Carbono, proteínas y muy pocas grasas.
Recomendado para (vosotros veréis, yo no lo haría):
Sistema inmunológico (folatos)
Colágeno, dientes, huesos, glóbulos rojos, sistema inmunológico (magnesio).
Músculos y sistema nervioso (potasio)
Laxante (potasio).

En Food Channel incluso ofrecen una lista con diez curiosidades, que se atreven a llamar Zucchini Fun Facts. Maldito calabacín, mientras que Mark Twain dijo que prefería el cielo por el clima y el infierno por la compañía, yo sueño con un mundo libre de tu dominio.

*Fuente: EuroResidentes.

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20 pensamientos en “Cielo vs Infierno vs Calabacín

  1. Algo parecido a tu enemistad con el calabacín me sucede a mí con el atún. Y lo mío llega a ser un verdadero problema, puesto que hay millones y millones de platos con atún que condicionan sobremanera mis opciones alimenticias U_U

    Yo me como tu calabacín si tú te comes mi atún xD

    • No te preocupes, mi madre persevera por todos. Me cuela el calabacín en lo que puede y yo tengo que tragar, porque tampoco se le va a hacer el feo a la mujer. ¿A lo mejor entender por qué le gusta a otros ayudaría? Es que es muy sanote y me ahorraría tener que estar apartando trozos del arroz, por ejemplo.

      • Puedes intentar tomarlo de manera que esté camuflado con otros sabores si el problema está en el sabor.
        Ya que hablas de la berenjena, casa muy bien con ella, por ejemplo la berenjena rellena de carne picada y entre lo que picas pones Calabacín.
        Al igual que La berenjena asada al horno, el calabacín tan bien está muy bueno así.
        Y una opción muy buena ya que te lo enmascara bastante, es hacerte un Wok de verduras con pechuga de pollo cortado en tiras/trozos y soja, (Un ajo, cebolla, pimiento, zanahoria, tomate, berenjena y calabacín). La soja tiene un sabor intenso con lo que predomina sobre otros sabores que puede que no te gusten.
        Bueno, es solo alguna idea…
        Besos.

  2. Tuve el mismo disgusto por el calabacín durante mi infancia, pero ¿sabes? ¡nunca se me quitó! Otros alimentos han logrado vencer mi rechazo y mi necedad por no probarlos, excepto el calabacín. Espero que tú le encuentres el gusto, al menos para satisfacción de tu madre.
    Un saludo.

    • Lo consiguió con la berenjena y mira que le tenía manía. Pero con el calabacín parece que no hay manera. Si algún día lo supero, creo que mi madre lo hará saber a toda España y Nicaragua xD

      Un saludo 🙂

  3. Yo antes de irme de casa era muy “delicaito” para las comidas, pero al verme forzado a venirme a estudiar a la temprana edad de 18 años, y a elegir entre hacerme yo mis propias comidas o a cargar con miles de tappers congelados de mi madre, opté por la primera opción y descubrí un sin fin de sabores desconocidos para mi. A día de hoy no haya nada que me desagrade. Al final, la necesidad hace la constumbre.

    Por cierto, aunque es casi un off-topic de tu entrada, no sabía que los protestantes decían eso del destino, lo cual comparto profundamente. Siempre he pensado que una persona fuerte se labra su propio destino día a día, incluido en casa de adversidad, en donde cada cual decide si autohundirse en la miseria lamentándose de su mala suerte o por el contrario encontrar la “moraleja” de la vivencia, aprender de tus errores para no cometerlos jamás (si fuera el caso) y tirar palante más fortalecido que nunca.

    Nada más. Me alegro que al final te hayas decidido a saltar a la palestra (del FB) ;D.

    Un abrazo!

    • Durante la Erasmus tuve que echarle mucha imaginación y aprendí a valorar un buen plato de potaje, pero el calabacín lo esquivaba como si me fuera la vida en ello…Lo de los protestantes lo aprendí de los alemanes, precisamente, no recuerdo muy bien cuando pero fue por algo que dije de tener suerte. Una señora me respondió que cada uno construye su propio destino. Por eso trabajan y trabajan y no se andan con el “si Dios quiere”. Es una de sus cosas buenas con las que me identifiqué. Con otras no tanto, pero esa me gustó especialmente.

  4. Jajajajaja Como te entiendo! Asco de calabacin! pero hay algo peor… diabolico, vomitivo, repulsivo y patologicamente … puaj! Las coles de bruselas. Afirmo desde el infierno.
    Saludo pos… eso!

  5. Te comprendo, se pueden contar con los dedos de las manos los vegetales que como, patatas, champiñones, aceitunas y creo que acabé la lista 😀

    Lo cojonudo es que encima no engordo.

    • Me contengo los tacos y maldiciones que me producen la envidia. Ya ves tú, yo, medio latina, a la que me descuido el culo se me pone como una orca: grande y peligroso.

      Saludos, sensei!

  6. El calabacín no es tan importante, si fuera el pepino… Que ya lo dice la canción:
    Al pan, pan,
    Al vino vino
    y para …….un buen pepino.

    Ten entiendo muy bien, A mi me pasa lo mismo pero con el cordero 🙂
    Un saludo

    • Me has hecho soltar una buena carcajada con lo del pepino. Algo que me niego a abandonar porque la ensalada griega está muy rica y por tu culpa todo esto va a sonar feote xD

      Con el cordero tengo problemas a veces, no sé si por la receta o por ser lechal, pero hay un tipo que no me termina de llamar la atención, ya tú sabeh.

  7. Pingback: Declaraciones de una madre en guerra | Hablando en Páulico

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