Antes de marcharme a Alemania (II)

Aquel verano Verónica y Elsa serían las primeras en mudarse, un ritual inevitable para cualquier universitario malagueño. Emigrar en busca del trabajo soñado es parte implícita del contrato, si se tienen aspiraciones profesionales fuera del sector hostelero y turístico.

En mi caso, pensaba usar mi año Erasmus para este fin. Pensaba conseguir trabajo allí, sin importarme empezar desde lo más bajo, para ir estableciéndome poco a poco. El portal de Verónica y Elsa fue un cambio de comunidad autónoma. Cuando confirmamos nuestros respectivos destinos, acordamos alegrarnos por el tiempo que nos quedaba juntas en lugar de entristecer. Nos prometimos seguir siendo “amigas para siempre”, que nada cambiaría, que gracias a internet sería muy fácil mantener el contacto. Me esforcé en creer en ese promesa por los buenos recuerdos que guardaba de aquel año como la vez que Elsa asistió, cual madre orgullosa, a la entrega de premios del concurso de microrrelatos; así como las conversaciones sobre música, las recomendaciones de libros, etc. Pero perderíamos lo cotidiano. Ya no podríamos improvisar paseos por el centro o meriendas en Las Tartas.

“No te quejes niña, que te vas de Erasmus”, me decían.

No lamentaba mi decisión pese a tener que abandonar el aikido, las visitas rutinarias para sacar la paga de mi abuela del banco, para luego merendar con ella; a la gata que me cortaba siempre el paso, que se tumbaba sobre mis apuntes mientras estudiaba y que cubrió mis camisetas con una buena capa de pelo blanco. En mi residencia no viviría la hermana con la que me peleaba por el ordenador, que defendía todas y cada de una de las fechorías de la felina por considerarla adorable.

Parte de los amigos que hicieron soportables los últimos años de carrera anunciaron que emigraban también. Así es la vida. Ahora me apena haber perdido mi energía anticipando los finales de entonces, dejando poca con la que disfrutar de verdad esos momentos.

Parte (I)

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2 pensamientos en “Antes de marcharme a Alemania (II)

  1. Jo! Que perdidaestoy, la pus! Es un relato o emigras de verdad? sin datos no hablo mas que ya con ellos la pifio a menudo jejeje.
    Un beso… como?

    • Es digamos una versión novelizada de cuando me fui de erasmus en 2009, que nunca lo había narrado y me pareció buen momento.

      De todas formas a este ritmo me toca irme, independientemente de la crisis, por el camino que he elegido.

      Oye, que lo decía en serio. Es un gustazo tenerte de vuelta 🙂

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