[Reseña] La fábrica Creátor (Los portales de Éldonon #1)

Ganadora del certamen Andalucía Joven de Narrativa 2007, “La fábrica creátor” es la obra encargada de introducir al lector en un universo paralelo donde las leyes de la física ceden su trono a las ideas. Se engloba dentro de la tetralogía Los portales de Éldonon, precediendo a “Los cines somnios” y “La última musa”, obra que acaba de lanzar al mercado. “La fábrica creátor” constituye, además, la primera novela de su autora, Patricia García-Rojo.

Goza de dos ediciones a cargo de la editorial Berenice, en tapa blanda. Su autora estudió Filología Hispánica en su Jaén natal, ciudad que abandonó por Málaga, donde trabaja en la actualidad. Allí enseña lengua castellana y literatura a niños de secundaria, para los que escribe sus novelas con el fin de engancharlos a la literatura. Es poeta, autora de la bitácora Ridícula calamidad y del poemario “Amar es aquí”.

La imaginación como único juguete.

Carlos disfrutó de una infancia normal. Su corta vida había transcurrido feliz y tranquila, entre las playas malagueñas y el frenesí de las calles madrileñas, quizá con un poco más de suerte que la mayoría de los niños, ya que para sus padres la prioridad era fomentar el juego a través de la imaginación. Juntos jugaban a crear criaturas que hallarían su hogar entre las páginas de su cuaderno de dibujo, ideaban objetos fantásticos que sólo podrían utilizarse en un mundo extraordinario, regido por otras leyes. Carlos aprendió a valorar la imaginación como fuente de entretenimiento. Como cualquier niño esperaba con ilusión cada cumpleaños, para poder disfrutar de una fiesta repleta de dulces en compañía de sus amigos. Para su décimo segundo cumpleaños sus padres decidieron que había llegado el momento de darle algo distinto.

Así es como Carlos descubre que su familia pertenece al mundo de las ideas, donde los oficios se organizan entre creátor, somnio, musa o imaginatos. A partir de ese momento, su vida en La Tierra pasa a un segundo plano, ya que deberá mudarse a Éldonon para así recibir una educación en la que, a lo largo de cuatro años, aprenderá dichos oficios. Una vez concluya el proceso, deberá decidir cuál de ellos desempeñará como un eldoniano más o, si lo prefiere, regresar a La Tierra para desarrollar su vida como guardián de uno de los portales que comunican ambos mundos.

Ni siquiera una mente tan creativa como la de Carlos podría haber anticipado las aventuras que le esperaban. Junto a sus nuevos amigos explorará con entusiasmo el sinfín de posibilidades que Éldonon les ofrece. Durante esas primeras semanas, en su primera fábrica, cobrará sentido la forma que sus padres tuvieron de educarle y aprenderá las normas de su nuevo hogar, a afrontar las nuevas situaciones cotidianas y descubrirá cosas nuevas sobre sí mismo y que realmente existen criaturas y pesadillas que en La Tierra nos hemos convencido que no son más que pura leyenda; el mundo de las ideas también tiene un lado oscuro.

Inculcar amor por la lectura.

García-Rojo cuenta en sus presentaciones una anécdota sobre cómo la novela encontró por casualidad a su público objetivo. Fue la opinión de la hija de uno de los miembros del jurado del certamen que, al leerlo de una sentada, inclinó la balanza en favor de la autora jiennense. Esto refuerza el propósito con el que García-Rojo concibió su tetralogía. Sus alumnos son las personas con las que trata cada día, las que le inspiraron para crear algo que sirviera para despertar su amor por la lectura.

Dicho esfuerzo consciente por captar nuevos lectores se percibe en el uso que hace del lenguaje, así como en la evolución que plasma en el mismo, fiel reflejo de la edad de los niños protagonistas, que determina las temáticas que puedan suscitar su interés. Elige matices sutiles como elementos caracterizadores: la frecuencia con la que se habla de juegos, de mesas abarrotadas de dulces o la aparición de tramas románticas. Retrata a su público con realismo y cariño, el mismo que demuestra en su manera de conducirnos por las peripecias de Carlos, la relación de los niños con sus instructores y los entresijos del mundo habitado por aquellos encargados de diseñar nuestros sueños e ideas.

Bien es cierto que, en ocasiones, se nota que se trata de una primera novela, en cuanto a sus decisiones sobre el desarrollo y resolución de ciertos puntos de la trama. Sin embargo, García-Rojo demuestra maestría en atrapar al lector, en dejarnos con ganas de saber más sobre los creátor. Es fácil olvidar las cuestiones que no convencen al principio, pues consigue una lectura ágil y amena. Pese a que ciertos giros resultan predecibles para un público adulto o con un mayor bagaje en la literatura, es la novela perfecta para aquellos que empiezan. Por otra parte, al acabarlo despierta necesidad por saber cómo será la siguiente etapa de aprendizaje, cómo se llevarán los siete niños en el futuro y desvelar el sistema de trabajo de somnios, musas e imaginatos en sus respectivas fábricas.

Reminiscencia peligrosa

Si bien es cierto que ya es habitual encontrar reminiscencias de una obra en otras, para la caracterización de los mundos de Éldonon la autora bebe de diversas fuentes de manera deliberada. Por un lado, esto cumple el propósito de atraer a su público objetivo, por otro demuestra coherencia con la primera impresión que a Carlos le merece su nuevo país, un mundo collage hecho con retazos de otra realidad. Por ejemplo, hay escenas de acción que recuerdan a series de animación como “Pokemon” o “Dragon Ball” y algunos elementos de vestuario evocan “La guerra de las galaxias”.

Aunque quizá la más peligrosa sea la estructura paralela que comparte con “Harry Potter y la piedra filosofal”, en cuanto a la división entre oficios y casas de Hogwarts, el hecho de que se trate de niños viviendo en régimen de internado, lejos del dominio de los adultos, donde aprenderán más de lo que les corresponde durante ese curso. Sin embargo, tales similitudes se quedan en lo abstracto. Aunque en principio parezca que “La piedra filosofal” y “La fábrica creátor” versan sobre lo mismo, en lo concreto tanto personajes, como planes de estudio, relaciones y estructura de los mundos, García-Rojo consigue crear uno con identidad propia. En uno el motor es la magia, en otro las ideas.

Para los niños es estimulante, porque les invita a retomar la relación con su imaginación, razón por la que recomendamos leer “La fábrica creátor” y sus continuaciones (“Los cines somnios” y “La última musa”) para disfrutar de este despertar creativo, además de la evolución de la serie y de su autora, que con cada novela demuestra dominar cada vez mejor los resortes literarios.

 

[Reseña también disponible en Goodreads]
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